¡DESDE EL DIA QUE TE FUISTE!

Parecería una buena manera para iniciar a decirte todo lo que ha pasado desde el día que te fuiste, pero la verdad creo que estaría equivocada, porqué como podrías irte, si hoy sentada en este viejo café, en una tarde sofocante de verano, cada trago de cerveza que tomo me dice que nunca estuviste.
Como quisiera gritar lo que pienso y siento, pero a quién le puede importar, sí desde el día que te fuiste la vida me pasa de largo, los días son bonitos pero ese brillo que solían tener como el brillo de tus ojos, ya no existe más.   Las calles solo son metros y metros de concreto, la gente pasa por mi lado como entes programados; y mira que es así, mira que llevo una hora acá sentada y me siento en un mundo paralelo, paralelo a tus ojos, a tu sonrisa, a tu barba en ocasiones desordenada, al sonido grave de tu voz, a tu mirada esquiva, a tu silencio pronunciado, a ese silencio que encierra tu pecado, pecado de esas cosas que sin derecho o explicación razonable me has hecho.
¡Y vaya que este mundo te ama!, porque mientras yo me reviendo con los recuerdos de tu engaño y a la falta de tu valor para decirles a todos y a ella que me amabas, un viento juguetón se enreda en mi cabello, y me refresca el pensamiento, y es que casi, casi puedo sentir tus manos acariciarme, y es justo ahí cuando cierro mis ojos, y me cuestiono si todos esos besos que a fuego intenso me consumían, solo eran producto de mi fantasía. 
Vaya locura que he vivido a tu lado, mira que ya ni me reconozco cuando miro ese reflejo de mujer que hay en el espejo, y es que fueron muchas noches, bueno, quizás no muchas, yo diría que quizás unas pocas; pero vaya que fueron intensas, y es que solo tus sábanas podrían decir lo que en silencio vieron y lo que callaron en su enredo; pero realmente ellas saben poco, porque tus paredes encierran muchos mas sonidos y un que otro te amo que te tu culpa exclamaba y mi inocencia respondía.
Recuerdas ese oportuno sofá y ni que decir del mesón de frío mármol en tu cocina, o el comedor acechado por espejos, y es que todos ellos son testigos de lo que ahora me pregunto: ¿y si todo lo imaginé? ¿y si estoy loca y definitivamente me abandonó la cordura?
Y es que como no perderla con tus brazos al rededor de mi cintura, y tus ojos lujuriosos clavados en los míos... ¡Oh por Dios! eso es nada, si tengo tu boca devorando la mía, mientras tu lengua hinca batalla por dejar huella.
Desde el día que te fuiste solo hay agonía.

PIA ARIZAL


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